IMPORTANTE: La redacción de nuestro blog amigo, "Mavrakis Y Valdés", siguiendo lo que acertadamente supo llamar "intercambios blogkulturales", nos entregó este maravilloso texto sobre el film "Gatica, El Mono", trazando un paralelo con el peronismo en la Argentina. Próximamente podrán ver en su blog un texto de mi autoría.Cine peronistaLa primera noción ligada a algo del orden del acierto tuvo una constatación rotunda: cuando
Oscar Terán preguntó sobre objetos de la
cultura peronista y una voz – que pudo sentirse propia – dijo “
Gatica, el mono, de Leonardo Favio”.
El profesor Terán inclinó la cejas hacia el portador de aquella voz, guardó unos segundos de silencio, y dijo: “
Muy bien, muy bien”.
Gatica, el mono (1993, L. Favio) tuvo la particularidad, en su momento, de arrebatar con la noticia (de color) de que su protagonista,
Edgardo Nieva, se había sometido a algunas cirugías plásticas con el fin único de alterarse el rostro y parecerse a José María Gatica, el boxeador cuya vida – en la película de Favio – traza una parábola paralela a la vida del movimiento peronista (o, como se lo podría llamar ahora, “el primer peronismo”, el “peronismo de Perón”).
Nacimiento, apogeo, decadencia y destrucción (literalmente: golpe y aplastamiento) que Gatica y el Peronismo vivieron a la par.
Sobre ese paralelo se trata
Gatica, el mono.
Apogeo en paraleloEl José María Gatica de celuloide sigue la huella del real.
El real, sigue la huella del Peronismo.
Gatica llega de pibe a Buenos Aires en 1932, con la madre y un hermano – colados en un tren -. Llega desde el interior, desde la Villa Mercedes ubicada en la provincia de San Luis (la Villa Mercedes de Buenos Aires, no por nada, es la capital argentina del boxeo).
Pobre, negrito, provinciano, Buenos Aires, la Reina del Plata, en plena Década Infame, le ofrece un sitio privilegiado – luminoso, de prosperidad discutible pero en cómodas cuotas - en Constitución. Gatica entrena por ese entonces la diestra y la siniestra con la que barrería algunos rings pero únicamente lustrando zapatos. De sus manos viviría el hombre durante varios años más. Por lo menos hasta la década del `40.
A falta de
una pera, buenas son las suelas.
También por ese entonces
Perón constituía sus primeras armas.
Mientras en octubre de 1945 Perón se asentaba por fin donde correspondía – y colaboraba para que lo hicieran también tantos pobres, negritos, provincianos -, Gatica se sube al ring – las manos endurecidas por el lustre, el justo resentimiento entre ceja y ceja – y por fin se registra rápidamente donde correspondía.
El apogeo es mutuo y compartido.
Gatica, el mono establece esta comparación: mientras a Perón, en el gobierno, la “oligarquía” lo llama tirano o fascista, a Gatica, en el ring, lo llaman “mono” – “
mono las pelotas, papito”, dice Gatica – y, fuera del ring, se le burlan – comprensiblemente – por el grotesco de un lumpen que viste traje blanco y a duras penas se muestra presentable en los mismos cafetines para pitucos.
A razón de golpes reglamentarios y dinero bien habido, Gatica accede a espacios donde, de todos modos, no es bienvenido. Es un ídolo popular en las calles y, a la vez, una mancha grasienta en la dignidad de “la gente bien”.
El Gatica de celuloide, por momentos, reúne en su lógica de apogeo peronista los estigmas y los dones de Perón y Evita juntos.
Dos potencias se saludanLa escena paradigmática: en el Luna Park, Gatica vence y el General Perón lo contempla desde el ring-side. El General se le acerca, lo abraza; Gatica – bañado en sangre, embanderado con la celeste y blanca – le grita “¡
mire cómo ruge la
leonera, General!”. Dos potencias se saludan.
Gatica siguió peleando y siguió ganando. Se casó y tuvo hijos. El General Perón fue el padrino de uno.
Cuando terminaba el primer gobierno justicialista, el Mono – "
mono las pelotas, papito, y yo soy Gardel" – va a pelear a Estados Unidos. Pierde estrepitosamente. Comienza el segundo gobierno peronista en 1952.
Decadencia en paraleloEn 1953, Gatica tiene su última pelea. Pierde – y no le queda resto sino para retirarse – el 16 de septiembre de ese año. El 16 de septiembre de 1955, el General Perón es derrocado.
El líder se exilia y la Revolución Fusiladora prohíbe nombrarlo. A Gatica se le prohíbe boxear y se lo expulsa de las debidas instituciones boxísticas.
Perón y Gatica se convierten en (políticamente) impresentables. Los sucesivos gobiernos de facto tienen que negociar siempre con el líder en el exilio para subsistir. A Gatica, en todo caso, le toca negociar con quienes tuvieran algo que ofrecerle para subsistir.

Trabaja un tiempo para otro boxeador, Alfredo Prada. Le paga para que se siente en la puerta de su cantina y salude a los comensales – “
buenas noches, mucho gusto; buenas noches, mucho gusto” -. Gatica es una sombra que se emborracha. Lo pierde todo – como el peronismo – y vuelve a la indigencia originaria.
TrasvasamientoMartín Karadagián – cuando Gatica ya estaba lo que se dice “en la lona” – lo convoca para algunas de sus peleas de catch. En una de esas peleas bobas, Karadagian le lastima de por vida una pierna al boxeador.
Leonardo Favio aprovecha esta circunstancia: José María Gatica había sido el ídolo popular, un boxeador verídico, durante los años de esplendor del peronismo legítimamente democrático. Ahora, en cambio, la farsa payasesca del catch es la que impone ídolos más bien ridículos (momias, enmascarados y estupideces parecidas). La institucionalidad republicana también es otra farsa acorde con la de estos rings: más del 50% del electorado tiene prohibido votar por su candidato real – el General Perón – y entonces desfilan por el Poder (más simbólico que real) momias y enmascarados y estúpidos afines.
Gatica – uno entiende mientras mira la película de Favio - no es el único que cojea irreparablemente hasta el fin de sus días.
El Mono – “
mono las pelotas” – muere arrollado por un colectivo cerca de la cancha de Independiente, donde se dedicaba a vender chucherías para subsistir, en 1963. Diez años después, el General retornaba a Argentina. Al año siguiente, muere.
Gatica, el mono fue exhibida a manera de
premier privada en el cine de la Quinta de Olivos. El anfitrión de la jornada fue el presidente justicialista
Carlos Saúl Menem; el boxeador del momento, Látigo Coggi.
Se cerraba un trasvasamiento.